Soy ciudadano del mundo y quiero mi mundo sin fronteras, sin muros racistas, sin diferencias irreconciliables. Con autogobiernos locales elegidos democráticamente y una autoridad global que sólo se dedique al desarrollo de mejores formas de producción y a resolver problemas de abasto y conflictos territoriales. Somos casi siete mil millones de humanos y es cierto que cada cabeza es un mundo, pero más cierto es que somos hermanos de especie y que además estamos íntimamente, orgánicamente ligados con los demás seres vivos y con nuestro planeta. Esta es una verdad científica y que me perdonen los curas, rabinos y ayatolas, pero sus respectivas ideologías son anacrónicas, están obsoletas y, en lugar de ayudar a crecer espiritualmente a sus seguidores, les contaminan sus conciencias con creencias de hace miles de años que principalmente sirven para alimentar su fanatismo. Deben renovarse o morir.
Lo bueno es que cada vez somos más los ciudadanos universales y menos los reaccionarios autoritarios. Cada quién con sus pertenencias culturales, sus familias, barrios, pueblos y regiones enteras, decidiendo entre sí como vivir y respetando los derechos de los demás.
¡Ciudadanos del mundo, uníos!
Andale, que linda presentacion! Fuerte y objetiva, como si hablaras mirando a la cara de la gente.
ResponderBorrarAsi es: el mundo es nuestra casa, las fronteras son todas artificiales, las podemos reconecer sin tener la ilusion de que por si solas crean las identidades. Las identidades (las muchas) que tenemos, las creamos nosotros mismos. Y las (re)creamos segun la situacion.
Saludos, desde Rio de Janeiro(Brasil), al ciudadano universal!